Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Economia ecologica’ Category

Por Kenny Ausubel

Como dijo una vez Richard Deertrack, líder de los Taos Pueblo de Nuevo
México, en la Conferencia de los Bioneros, “desde el punto de vista de
una planta, todos los humanos somos más o menos iguales.” Desde la
perspectiva del planeta, somos una sola especie. Si no hay nada que
haya conseguido unir a la humanidad lo suficiente para ver más allá de
nuestras diferencias culturales contrapuestas, la amenaza de un
colapso ecológico global tal vez nos hará finalmente recapacitar.

El reciente informe Milenio sobre el Ecosistema de la ONU, llegó a la
siguiente conclusión: “La actividad humana está sobrecargando las
funciones naturales de la Tierra hasta el punto en que ya no se puede
contar con la habilidad de los ecosistemas planetarios para sostener
las generaciones venideras. Se ha constatado que casi dos tercios de
los servicios que la naturaleza nos presta a la humanidad están
decayendo a escala mundial.”

Lo que hacemos a la tierra lo hacemos a nosotros mismos. Y lo que
hacemos los unos a los otros, lo hacemos a la tierra. Como ha dicho
Michael Learner de Commonweal, “Las heridas que infligimos los unos a
los otros y contra la tierra es la misma herida.” Restaurar los
ecosistemas de la Tierra en peligro requiere que también restauremos
nuestras comunidades humanas.

En el fondo, nos encontramos en una crisis relacional que nos insta a
que actuemos como si fueramos parte de—no aparte de—el mundo natural
sobre el que tambien depende nuestra vida.

Nos encontramos delante de una elección clara: ¿una Edad de
Extinciones o una Edad de Restauración?

Hace unos dieciocho años, en 1990, una confluencia de dos tomas de
conciencia gemelas fue la chispa que me incitó a fundar la Conferencia
de los Bioneros. Por una parte, la magnitud de la emergencia
medioambiental que se vislumbraba ya amenazaba con hacer de la
humanidad una especie en peligro de extinción. Por otra, las
soluciones más sorprendentes parecían estar a rodeándonos, esperando
ser desveladas. Nuestro propósito con los Bioneros era el de atraer la
atención hacia soluciones prácticas y visionarias para restaurar la
tierra y la gente.

Con mi socia de negocios y esposa, Nina Simons, juntamos personas que
yo llamaba Bioneros—pioneros de la biología que se asomaban para mirar
profundamente dentro del corazón de los sistemas vivos, para poder
entender las “instrucciones de manejo” de la naturaleza. Nuestra
búsqueda trata de reunir todo lo que podamos aprender de cuatro
billones de años de inteligencia evolutiva y aplicarlo de manera
práctica para servir a los fines humanos de forma inofensiva. La
pregunta fundamental: ¿Cómo lo haría la naturaleza?

El aspecto positivo es que las soluciones a nuestros problemas en
buena parte ya existen. Aún cuando no sabemos exactamente cómo
proceder, tenemos una idea bastante clara de la dirección que debemos
tomar. Los modelos van apareciendo como burbujas desde la profunda
sabiduria del mundo natural. Una extraordinaria creatividad humana
centrada en la resolución de los problemas está desbaratando el mito
de la desesperación. Hay grandes esperanzas por lo mucho que nos queda
por saber, y también por ese poquito que ya sabemos. Una y otra vez,
la historia recalca la diferencia que puede suponer la aportación de
una sola persona, y que construir una comunidad supone un salto
cualitativo.

Como científicos e inovadores sociales, los bioneros han estado en la
vanguardia de la ciencia emergente de la biomímica, la “inovación
inspirada en la naturaleza”. La biomímica demuestra que las soluciones
naturales que han superado el paso del tiempo sobrepasan incluso
nuestro concepto de lo posible. Éstas son las auténticas
biotecnologías. En muchos casos, estos conocimientos ya figuran en la
antigua ciencia de las poblaciones indígenas, los bioneros originales.

Por mucho que se hable de la Edad de la Información, de hecho nos
encontramos entrando en la Edad de la Biología. Admitámoslo: nosotros
no inventamos la naturaleza, la naturaleza nos inventó a nosotros.
Como en el fútbol, el último penalti de la tanda lo lanzará la
naturaleza. Además, el campo de juego es suyo. Nos convendría aprender
las reglas y cómo jugar según ellas. Eso, en gran medida, es de lo que
trata el trabajo de los bioneros.

La gran autoridad en el campo de biomímica, Janine Benyus, observa con
una elegante simplicidad que lo que hace la vida es “crear las
condiciones propicias para la vida”. Esa es tal vez la misión más
esencial de los bioneros.

La gran trama ecológica se desarolla a través de una red alimentaria
que no genera desperdicios. Se basa en una economía solar que ni hurga
en el pasado ni hipoteca el futuro. Entre los principios que la rigen
estan la diversidad, el parentesco, la simbiosis y la comunidad. La
belleza de la biología reside en que sus hechos pueden servirnos de
metáforas. Estos códigos subyacientes también nos sirven de parábolas
para inspirarnos, como seres humanos, a organizar una sociedad más
justa, compasiva y auténticamente sostenible.

La gran historia que realmente nos está transmitiendo la naturaleza es
la épica de la interdependencia. La vida está intimamente
interconectada y como civilización hemos metido la pata a fondo al
creer que existimos de alguna manera al margen de la naturaleza, o el
uno del otro. Todo está vivo. Todo es inteligente. Todo está
conectado. Todo está relacionado.

Lo que los bioneros están sacando a la luz es, ni más ni menos, una
revolución desde el mismo corazón de la naturaleza. Mimetizando los
procesos naturales, podemos armonizar las infraestructuras humanas con
las infraestructuras de la naturaleza. Basándonos en lo que ya
sabemos, podemos reducir la huella negativa humana en un 90%. A la vez
que restauramos el suelo, podemos rejuvenecer nuestras economías y
mejorar dramáticamente nuestra calidad de vida.

Cuando Nina Simons y yo convocamos la primera Conferencia de Bioneros,
teníamos una visión clara, la de unir a un grupo de gente para hacer
llegar a la conciencia del público nuevas soluciones y estrategias.
Desde el principio, nuestra misión tenía una intención catártica. Si
el mundo realmente se pudiera dar cuenta de todo lo que los bioneros
estabamos demostrando como factible, esa consciencia podría poner en
marcha todo un movimiento. El mundo se podría movilizar alrededor de
la gran obra de restauración.

Al llegar el año 1990, un número cada vez más importantes de
científicos y biólogos ya nos estaban advertiendo del riesgo de cruzar
irreversiblemente ciertos umbrales medioambientales: el calentamiento
global, desmoronamiento de la biodiversidad, pérdida de la capa
arable, escasez de agua dulce y el envenenamiento omnipresente de la
red de la vida. Sabíamos que tratar el medioambiente como “otro tema
más” sería un tremendo error. El medioambiente es la madre de todos
los temas. Cuando la casa está ardiendo, no tiene sentido pelearse
para ver a quien le toca la mejor habitación.

El fundamento del conocimiento medioambiental –todas las formas de
vida están interconectadas e interdependientes– se convirtió en la
base filosófica de los Bioneros, lo que llegamos a denominar una
Declaración de Interdependencia. Una vez entendido el concepto de
interdependencia, te das cuenta de que no existen cuestiones aisladas.
Todos los temas están conectados y sólo con “resolver en pauta” –-un
concepto introducido por Wendell Berry en el que se aplican enfoques
sistemáticos que tratan múltiples dimensiones a la vez—puedes
realmente llegar a resolver algo. La polinización cruzada entre temas,
que de otra manera suelen estar separados, también libera un tremendo
poder sinérgico.

Por ejemplo, en un mundo en el que la mitad de la población sobrevive
con menos de dos dólares al día, la pobreza es una causa primaria de
devastación medioambiental. Solamente al enfrentarnos a la enorme
brecha entre ricos y pobres podremos restaurar el medioambiente. La
Guerra del Golfo que nos hace falta declarar es la de cerrar el
“golfo” entre ricos y pobres. Como escribió Paul Hawken en su libre
Manual de Instrucciones de la Naturaleza, “si hay que salvar lo que es
salvaje, lo que es irremplazable y majestuoso en la naturaleza la
ironia de la situación es que entonces tendremos que volvernos hacia
nuestros semejantes y cuidar de todos los seres humanos aquí en la
tierra. No hay fronteras que puedan proteger la naturaleza de una
humanidad que sufre.”

A lo largo de los años, la Conferencia de los Bioneros ha ayudado a
conectar los temas clave y a incubar iniciativas y movimientos
colaborativos. Una de esas iniciativas es la Medicina Ecológica, un
término acuñado por Carolyn Raffensperger de la Red de Salud
Científica y Medioambiental. Los Bioneros han ayudado a las
comunidades de sanidad y de medioambiente, previamente dispares, a
acercarse en el reconocimiento de que la salud humana depende en
última instancia de la salud de nuestros ecosistemas. Solamente al
restaurar la salud ecológica podremos fomentar una salud pública real
y duradera. Otra iniciativa clave se ha formado a través de la
convergencia de los movimientos ecologista y de justicia social, que
necesitan el uno del otro para prosperar. Y otra iniciativa más: se ha
destacado el liderazgo de las mujeres en la restauración
medioambiental, al reconocer que son las mujeres quienes mejor
entienden como volver a tejer la multitud de conexiones entre salud,
justicia y nuestra relación con el mundo natural. Desde el principio,
la agricultura ecológica ha sido nuestra pieza clave, ya que la
agricultura convencional es la destructora principal del medio
ambiente, aunque pocos lo sepan. Tambien hemos cultivado una base
sólida de líderes jóvenes en un marco excepcional de asesoramiento
recíproco inter-generacional.

Otra característica de los Bioneros es que nunca le hemos dicho a
nadie cómo pensar. Aún operando dentro de un amplio marco de valores
progresistas como son la democracia, la justicia social y la paz, los
Bioneros sirven sobre todo como un foro que presenta un amplio abanico
de enfoques diversos que son efectivos y nacidos de la práctica.
Dejamos a la gente que haga sus propias valoraciones y que actúe en
consecuencia. Nuestro trabajo verdadero consiste en identificar y
destacar el trabajo de brillantes inovadores científicos y sociales
que están centrados en buscar soluciones, para ayudarles a diseminar
sus ideas y prácticas.

“Cuando cambian las historias, cambia el mundo”

Desde el principio, quisimos imaginar la Conferencia de Bioneros
haciendo llegar soluciones a un público cada vez más ámplio. Nos
planteamos una serie radiofónica, una serie de libros, documentos
televisivos y contactos con los medios de comunicación. Todo eso ha
llegado a realizarse. (En 1990 acababa de nacer Internet y todavía
ignorábamos el papel central que llegaría a jugar en nuestros
futuros.)

En los EEUU, la gente recibe el 90% de su “educación medioambiental”
no en las escuelas sinó a través de los medios. Dado el peso de las
grandes corporaciones en los medios y las distorsiones resultantes
tanto en la ausencia de información como en la desinformación
descarada, nosotros generamos y a veces distribuimos nuestros propios
contenidos, además de trabajar a través de medios independientes y de
periodistas autónomos. Nuestra serie radiofónica anual, Los Bioneros:
La revolución desde el corazón de la naturaleza, se emite en el 2007
en más de 200 emisoras públicas norteamericanas. Las presentaciones de
las conferencias plenarias salen en los canales digitales Free Speech
TV y Link TV. Nuestras antologías impresas llegan tanto al público
general como a los educadores. Nuestra web rebosa de contenido y
enlaces interactivos que permiten a las personas interconectarse según
temas, zonas geográficas o redes. También producimos un boletín
gratuito por email.

Los Bioneros han llegado a ser una fuente importante de información
puntera para los medios. Desarollamos un papel asesor importante en la
película La hora de la verdad de Leonardo di Caprio, en la que
destacan numerosos Bioneros. Empezando en 2006 la sección “Oneº” en la
web del Weather Channel ha destacado segmentos de la Conferencia de
los Bioneros en texto, audio y video. El autor Michael Pollan centró
su bestseller, “El dilema del omnívoro” y un artículo de portada del
New York Times Magazine, en el Bionero Joel Salatin. Nuestra prioridad
siempre ha sido la de promocionar el trabajo de los Bioneros en sí, no
a la organización.

Como observa el autor y comentarista radiofónico Thom Hartmann,
“cuando cambian las historias, cambia el mundo”. En nuestra
experiencia, siempre ha quedado claro que cuando la gente se entera de
la existencia de soluciones y alternativas viables, esto crea una
presión dramática para el cambio fundamental. El cambio cultural suele
precipitar las transiciones políticas y económicas. Los Bioneros están
transformando la cultura al cambiar las historias, del temor a la
esperanza, de la extinción a la restauración.

La fuerza de conectarse

Nos tardó años valorar la importancia de lo que se escondía a plena
vista desde la primera conferencia. Yo daba por supuesto que los
ponientes se conocerían porque era obvio que sus lineas de
investigación estaban relacionadas. La verdad es que la mayoría no se
habian encontrado nunca y, lo más sorprendente, no conocian el trabajo
de los demás. ¿Como podía ser que los trabajos estuvieran tan
conectados y sus autores no?

Con esa primera conferencia, la gente empezó a conectarse. La synergía
inherente enseguida incrementó la fuerza y las posibilidades del
trabajo. Al juntarnos para resolver según pauta empezamos a unir los
puntos…medioambiente, salud, justicia social, espiritualidad.
Estuvimos presentes doscientas personas y nos invadió la euforia al
descubrir que no estábamos sólos.

Pasaron varios años hasta que comprendimos que el aspecto de
convocatoria de la conferencia era tan importante como la parte
educativa. Nunca nos imaginamos hasta donde llevaría a los Bioneros.
La conferencia anual se convirtió en un animado festival de relaciones
y contactos productivos. En seguida empezó a crecer de tamaño,
obligándonos a trasladarla desde nuestra base en Santa Fé (Nuevo
México) hasta la Bahía de San Francisco en California, un caldo de
cultivo de inovación social y medioambiental. Cuando la Conferencia
llegó a atraer cada año a más de tres mil personas, decidimos poner un
limite para mantener su utilidad como marco de intercambio. Esa
decisión dió pie a una nueva especie de interconectividad. Ahí está la
belleza de los sistemas vivos: la evolución produce nuevas
“propiedades emergentes” que nunca podríamos haber anticipado ni
previsto. El conjunto siempre resulta mayor que la suma de sus partes.

La primera de estas inovaciones fue el programa por satélite Beaming
Bioneers (Bioneros Transmisores). Empezando en el 2002, transmitimos
via satélite tres sesiones matinales de la conferencia a otros cinco
puntos de reunión repartidos a lo ancho de norteamérica. En estos
lugares, los organizadores programaron sus propias agendas
complementarias con conferenciantes, temas y eventos locales, a menudo
en colaboración con universidades y centros educativos de la zona.
Nuestro objetivo nunca fué el de crear una megaconferencia si no
simplemente hacer correr la voz. Optar por un enfoque más local ha
resultado ser la mejor manera de centrar el trabajo en sus tres
vertientes: lugar, comunidad y acción.

Si el destino final es el de cultivar un movimiento para la
sostenibilidad a largo plazo, construirlo desde abajo le da un
fundamento más sólido. Comunidades locales ahora están adaptando el
concepto de los Bioneros para sus propias geografías y necesidades,
conectando los trabajos de multitud de héroes locales. Los resultados
incluyen iniciativas tangibles que cuentan con la participación de
gobiernos y empresas locales. Ya empiezan a involucrarse alcaldes,
funcionarios y comités de planificación, y en dos ciudades las
transmisiones de nuestras conferencias ha llevado a la formación de
comisiones municipales de sostenibilidad. En el 2007, el número de
comunidades ligadas a los Bioneros Transmisores ha llegado a 21 –un
total estimado de 10.000 personas sin contar los 3.400 que se esperan
en la conferencia de California.

En el 2007 hemos lanzado el programa Soñando Nuevo México. Estamos
colaborando con grupos locales para crear una visión de futuro
positivo para Nuevo México, utilizando las redes, aptitudes y
conocimientos de los Bioneros para colaborar creando un buen futuro
para nuestra zona.

Hemos recibido peticiones para el programa de casi 300 comunidades de
todo el mundo. Provienen de Mexico, Brasil, Japón, China, Australia y
varios países europeos. En el 2006 presentamos en directo un “enlace
espacial” vía satélite con Dharamsala, India en el que dialogamos con
trece “Abuelas” indígenas que visitaban al Dalai Lama y que nos
hablaron en nombre de la Tierra. En los años venideros pensamos
conectar con colaboradores internacionales para fomentar la
polinización cruzada de nuestas respectivas mejores prácticas y
conocimientos. Este modelo de red ampliado a nivel “globalocal” une
los puntos entre las comunidades locales, nacionales y globales.

Hace unos años nos dimos cuenta de que había gente que espontáneamente
usaba videos de sesiones plenarias de nuestras conferencias para
organizar sus propios encuentros Bioneros “off-line” en cualquier
momento. Entonces iniciamos la Bioneers Community Network (Red
Comunitaria Bionera) o BCN. Para que la gente pueda montar desde una
reunión en el salón, hasta una conferencia local completa, ofrecemos
materiales para distribuir a los medios y recursos de apoyo
comunitario.

Esperamos que la Red Comunitaria Bionera acabe llegando a cientos de
miles de comunidades alrededor del mundo. La mayoría parece intuir que
el mundo se enfrenta a un grave peligro tanto social como ecológico.
En todas partes la gente se está movilizando, creando olas de
conciencia y solidaridad para contribuir de manera constructiva. A
estos movimientos ciudadanos ya se les está llamando “la nueva
superpotencia”. Cada vez más los gobiernos locales y nuevos líderes
están poniendose a la altura del reto democrático. Empresas
comprometidas con sus comunidades locales están colaborando para crear
“economías locales vivas”. Este “Nuevo Localismo” se está esparciendo
globalmente entre la sociedad civil, la empresa y el gobierno. Como
dijo el cantautor Pete Seeger, “el mundo lo salvará los que salven sus
propios hogares”.

Interconectarse es tan importante como diseminar soluciones que apoyen
a la vida. Fritjof Capra, físico y escritor, ya lo dijo: “Las redes
son la pauta básica de la organización de todo sistema viviente. Desde
su comienzo hace tres mil millones de años, la vida no se apoderó de
este planeta combatiendo sinó haciendo redes. Cuanto más conectemos
esta inteligencia descentralizada y hagamos circular modelos
inovadores de lo que funciona, más posibilidades tendremos de sacar al
mundo de las llamas.”

El meollo biológico

Estoy convencido de que el mundo llegó a un punto decisivo en el año
2006. David Orr lo llama “una iluminación ecologica global”. En todo
el mundo la gente se está retirando del borde del abismo para exigir
soluciones de verdad. Este movimiento de movimientos global sin
precedentes lo describe Paul Hawken como “la respuesta inmunitaria de
la humanidad.” Según él, ya se le puede considerar el mayor movimiento
en la historia del mundo y está creciendo a marchas forzadas.

Sin embargo, realmente es la hora de la verdad. Un imperio de
multinacionales desbocado hacia la concentración de la riqueza está
amenazando el futuro de nuestra biósfera. Todos sabemos que los
imperios no son más que castillos de arena que acaban desmoronándose,
pero cuando el árbitro manda a ese imperio al banquillo, el partido ya
podría haberse acabado. La globalización corporativa está matando a su
anfitrión—la Madre Tierra.

Gary Larson dibujó una viñeta que resume el Imperio Exprés. Un grupo
de perros se encuentran en un bote salvavidas viendo cómo se hunde su
barco. El jefe dice a los demás perros:
–Vale, todos los que estén a favor de comer todos los víveres de
golpe, que levanten la pata–.
Esta escena, en resumidas cuentas, es la globalización corporativa económica.

Hoy, la situación a nivel de calle, que está a punto de combustión
espontánea, es una “tormenta perfecta” de degradación medioambiental
extrema y colapso de las infraestructuras. No es la primera vez que
ocurre. Varias civilizaciones anteriores a la nuestra se extinguieron
gracias a una catástrofe medioambiental auto-infligida, pero hasta
ahora el daño siempre era a escala local. En este momento crítico, por
primera vez en la historia, la humanidad tiene la capacidad de
destruir las condiciones que soportan la vida a una escala global.

A decir verdad, la clase política en general no tiene ni idea de por
dónde tirar. No ha tenido ningún plan, aparte de comer todos los
víveres de golpe. Aunque el imperio parece tener un poder que asusta,
la verdad es que está haciendo aguas por los cuatro costados. Limpiar
el medio ambiente depende de limpiar la política. La democracia es la
clave de la restauración. Para llegar a la auténtica democracia, hace
falta una separación de la grandes corporaciones y el estado.

En todas partes la gente empieza a rechazar la idea de la deificación
del mercado por encima de los derechos humanos y medioambientales.
Amory Lovins lo describe así: “Los mercados hacen un buen sirviente
pero un mal amo y una peor religion. Los mercados producen cosas de
valor, pero sólo las comunidades y las familias producen valores. Una
sociedad que intenta sustituir mercados por política, ética o fe, se
irá seriamente a la deriva.

Como bien saben los que ostentan el poder, la creación de riqueza
depende en gran parte de las políticas y el errario públicos. Tenemos
que cambiar las política públicas para servir al bien común.
Imagínense crear un Compromiso Verde: un programa de obras públicas
que dé un empujón a la restauración mediante una transición rápida
hacia la energía renovable, la agricultura ecológica y un sistema
sanitario robusto, basado en el bienestar, la medicina preventiva y la
recuperación de los ecosistemas sobre los que depende la salud de
todos.

Al hacer todo esto, incrementaremos de forma dramática la
Seguridad nacional y medioambiental. Seremos catalizadores de un
enorme programa de re-creación de empleo que dará trabajos con sentido
a cambio de un salario digno. Incitaremos a un sinnúmero de nuevas
empresas e inovaciones tecnológicas que se pueden diseminar por todo
el mundo para repartir la riqueza.

Dice David Suzuki: “El auténtico balance final es el biológico. Somos
animales que vivimos dentro de los exquisitos confines del aire, agua
y tierra donde existe la vida. La biósfera es la fuente de todo lo que
nos importa, incluyendo la economía.” Este balance final biológico nos
ofrece el matrimonio feliz entre la economía y la ecología.

Contamos con brillantes innovadores sociales y científicos que llevan
tiempo cultivando con paciencia las semillas de exitosos proyectos a
nivel local, regional y hasta social para la transformación hacia una
civilización sostenible. Está adquiriendo forma un movimiento de
globalización alternativo de proporciones sin precedentes, tejiendo
una red verde de modelos innovadores versados en las verdaderas
biotecnologías y en la equidad social.

Se ha bautizado a este movimiento, esta superpotencia con el nombre
“la revolución de los sueños”. Esto es precisamente lo que hacen
juntos los Bioneros: re-imaginar el mundo. Los indígenas mayas de
México que se levantaron junto con los Zapatistas para luchar por su
propia supervivencia, se identificaron con un movimiento “de un sólo
no y muchos síes”. La única negativa era un no a la concentración de
la riqueza y la distribución de la pobreza, un no a que el mundo se
convirtiera en un gran latifundio.
“Queremos un mundo—dijeron– en que quepan todos. Queremos un mundo en
el que quepan muchos mundos, un mundo capaz de contener todos los
mundos. La lucha tiene muchos caminos pero sólo un destino, el de ser
uno con todos los colores que visten la tierra.”

Este nuevo mundo está naciendo en este mismo momento, delante de
nuestros ojos. Mimetiza la inteligencia descentralizada de los
sistemas vivientes, la democracia innata de la vida. Se funde en el
reconocimiente de que la principal seguridad nacional proviene de la
seguridad medioambiental. De hecho, confirman los analistas de la CIA,
el mayor desafío a la seguradad en los años venideros, será el
deterioro del medio ambiente. En terminos de seguridad global, no se
puede achacar a la coincidencia que los puntos políticamente más
calientes y los caldos de cultivo del terrorosmo, son aquellos que
tienen el mayor índice de pobreza y degradación medioambiental.

Planeta Simbiótico: una nueva historia de la creación

Nadie sabe de cuanto tiempo disponemos. Un reciente cambio de
paradigma echó por tierra la teoría científica convencional que decía
que los ecosistemas responden a la degradación paulatina y
constantemente, que antes de cruzar ese umbral lo veremos venir y
podremos tomar un paso atrás. Un estudio publicado en Nature llegó a
la conclusión de que el asalto humano a la naturaleza ha dejado a
muchos ecosistemas en un estado tan frágil que la mínima alteración
podría provocar un desmoronamiento catastrófico, causando cambios
abruptos sin apenas avisar. A pesar de parecer viables, a los
ecosistemas llegan a un punto de inflexión cuando su resistencia se
encuentra demasiado socavada. Tales cambios pueden ser irreversibles.

No sabemos a cuanto estamos del punto de inflexión. Precaución es la
mejor consigna, pasando de gestionar el daño a prevenirlo. En la
adopción del Principio de la Precaución, alrededor del mundo resuena
el sentido común de la abuela: “más vale prevenir que curar, mujer
precabida vale por dos…” Según Carolyn Raffensperger, defensora del
Principio de la Precaución, es tan obvio que tal vez deberíamos
llamarlo el Principio ¡no me digas!

En alemán, la palabra para referirse al principio de la precaución,
Vorsorgeprinzip, significa “cuidar hacia el futuro”. La experta en
biomímica, Janine Benyus, enfoca la idea de la siguiente manera: “El
criterio de éxito biológico es mantenerte vivo a ti mismo y a tus
hijos. Pero no se trata solo de tus hijos, sino de los hijos de los
hijos de tus hijos, a diez mil años vista. Ya que no estarás allí para
cuidar de ellos, tienes que cuidar del lugar que cuidará de ellos. Por
eso, la principal e innegociable política que tenemos que convertir en
ley es que la vida crea las condiciones propicias para la vida.”

El Principio de la Precaución se remonta a la antigua sabiduría
indígena norteamericana, el principio de la Séptima Generación: todas
nuestras decisiones tienen que basarse en cómo afectarán al bienestar
de la séptima generación venidera. De hecho, en gran medida las
poblaciones indígenas han entendido lo que hay que hacer para crear
una relación sostenible con la tierra y con ellos mismos. A lo largo
del tiempo han actuado con el conocimiento de que los humanos somos
una especie clave de la que dependen muchos otros. Han administrado
conscientemente un paisaje co-evolucionario centrado en la salud y el
bienestar de la red superior de vida de la que los humanos dependemos.
Como dice el autor Malcolm Margolin, “es muy importante poder ver a la
humanidad no como algo aparte del mundo ni destructivo con él. Las
personas, según su manera de vivir, de hecho pueden llegar a ser una
bendición para la tierra.”

La humildad constantemente se impone, a la medida en que nos damos
cuenta de lo poco que sabemos y que poco control tenemos sobre un
medio antiquisimo, impredecible e incoprensiblemente complejo. La
restauración es un arte y una ciencia de la que poco sabemos y nunca
hasta ahora nos habíamos enfrentado a una destrucción a la escala que
hoy tenemos delante. Como señala el ecologista restaurador indígena
David Martinez: “Eso significa que no solamente tenemos que volver a
la sabiduría ecológica tradicional, sinó que tenemos que contar
tambien con la ciencia occidental. Nosotros no curamos a la tierra.
Intervenimos lo mínimo para permitir que los procesos naturales curen
la tierra. Se trata de relaciones. Tienes que amar el mundo natural
–las plantas y los animales—y cuidarles como si fueran tu propia
familia.

“Las poblaciones indígenas se han dado cuenta que no puedes controlar
el medioambiente hasta esos extremos sin repercusiones serias. Así que
se desarolló la ética para enseñarnos que, si hacemos caso omiso de
nuestros familiares en el mundo natural, sufriremos serias
repercusiones. No es casualidad que en los mitos tribales de
norteamerica, los embusteros, como el Coyote o el Cuervo, son a menudo
también los creadores del mundo, porque el universo tiene una
naturaleza realmente dudosa. Hay que trabajar con el caos, trabajar
con el cambio, trabajar con lo impredecible y tienes que trabajar con
humildad. La restauración es una empresa inter-generacional, centrada
en la comunidad. Se trata de nuestra responsabilidad como humanos el
participar cada dia en la re-creación de la Tierra. Es un cuento de
nunca acabar.”

Lo que observó primero Darwin en su teoría de la selección natural,
era que “el más fuerte” era el mejor adaptado; el más apto para
sobrevivir las condiciones existentes, en un momento histórico dado y
en un contexto ambiental específico. Poco después, otros biólogos
identificaron como importantes ventajas para la supervivencia, la
cohesión de grupo y la solidaridad. Pero hacía falta la genialidad
contemporánea de la microbióloga Lynn Margulis para defender la
importancia de la simbiosis como principio básico de la supervivencia.
Ella descubrió lo que sería, a todas luces, una prueba de A.D.N. de
una innovación evolutiva primitiva entre tipos de bacteria
enfrentados. Ya que ningún grupo podía devorar al otro, siguieron el
impulso de fusionarse, lo que dió pie a la vida multicelular tal y
como la conocemos hoy. Margulis llama a la Tierra “Planeta
Simbiótico”, profundamente informada por la reciprocidad y la
co-operación. La ecología es el arte de las relaciones, la evolución
es en realidad co-evolución y todos navegan siguiendo la Estrella
Polar de la simbiosis.

Puede que nuestra mejor facultad como seres humanos sea nuestra
capacidad de reinventar la cultura. El cambio de enfoque reside en
nuestros mitos, las historias que dan sentido a nuestro mundo y que
nos guian en nuestras vidas. Necesitamos una nueva historia de la
creación.

Sea cual sea tu perspectiva –ciencia o espiritu—la terca naturaleza
hace uso de la misma libertad que nos brinda: exige contar su propia
historia de la creación. En esta ecrucijada crítica, esta nueva
historia es una historia de la co-creación. La naturaleza nos inventó
y los bioneros generosamente nos ofrecen una visión de cómo
corresponderle. Esta revolución desde el corazón de la naturaleza
también surge en el corazón humano y lo curará. Lo que nos empuja
hacia adelante el re-encantamiento de la Tierra.

El tiempo es oro. El peor fracaso que nos puede acontecer es el
fracaso de la imaginación.

Haciendo las paces con la Tierra y con nosotros mismos

Somos testigos de la batalla final de una civilización en guerra
contra el mundo natural y contra nosotros mismos. La cuestón
primordial es cómo haremos las paces, con la tierra, con los demás,
con nosotros mismos.

El reto al que nos enfrentamos no es ante todo tecnológico. La crisis
medioambiental es, más exactamente, una crisis humana. Para salir bien
de esta transición transcendental, se nos exige cooperar a gran
escala. Requiere el equivalente de una movilización de guerra, sin
embargo su objetivo es precisamente lo contrario: es crear la paz.

Para llegar al otro lado, vamos a tener que encararnos con las
profundas heridas de nuestras sociedades y las nuestras propias para
curarlas. El pacifista y pacificador Aqeela Sherrils lo llama El
Movimiento Reverencial. Se trata de lo que amamos y reverenciamos como
sagrado: la vida misma.

Tenemos mucha historia para superar. La guerra es un rio escarlata que
fluye a lo largo y ancho de las épocas. El sicólogo James Hillman
sugiere que la guerra está tan profundamente incrustada en nuestra
psique que la reverenciamos como si fuera divina: la Guerra Santa.

Tribu contra tribu. Nación contra nación. Guerra contra la Tierra.
Guerra contra los pobres. Guerra contra las creencias religiosas.
Guerra contra los indígenas. Guerra contra las personas de color.
Guerra contra la mujer. La guerra contra El Otro.

Hoy, en los albores del siglo 21, la tecno-guerra moderna podría
llevar a la aniquilación virtual de la civilización humana. Hasta el
calentamiento global encontraría la horma de su zapato en el invierno
nuclear. Todos somos prisioneros de la guerra.

¿Cómo salimos de ésta con vida? No somos los primeros en formular esa pregunta.

El fallecido historiador John Mohawk, de la tribu norteamericana de
los Seneca, nos recordaba que la Federación Iroquois –tal vez el
gobierno más progresista jamás concebido— fue fraguada como
consecuencia de unas guerras atroces. Hace siglos, en una época de
salvajes conflictos y atrocidades difíciles de imaginar, un joven, que
llegó a ser conocido como el Pacificador, dijo que la guerra enloquece
a las personas. Cuando la gente está en guerra, no piensa con
claridad.

Él lo argumentaba así: “No tenemos porqué vivir de esa manera. En
nuestra mente colectiva tenemos el poder de crear un mundo en el que
la gente no use la violencia si no la razón.” Viajó de poblado en
poblado, convenciendo a la gente de que hicieran un pacto contra la
violencia, diciendoles: “Cuando te convences de que tu enemigo no
piensa, estás destrozando tu poder de hacer las paces con él. Si
queremos usar nuestras mentes para resolver los problemas, primero
tenemos que reconocer que las personas del otro bando seguramente
quieren que su gente viva, y probablemente desean muchas de las mismas
cosas que nosotros deseamos.” La paz empieza por buscar los puntos de
interés común con el enemigo.

El Pacificador también enseñó que la paz no es simplemente la ausencia
de violencia. No se alcanza a la paz sin justicia. No se alcanza la
justicia sin haber defendido los intereses de todas las partes. “Así
pues, –dijo– nunca acabaréis de resolver realmente los agravios de
todos. No puedes llegar a la paz si ésta no se acompaña de un esfuerza
contínuo de imponer la justicia. Esto ignifica que vuestro trabajo
nunca acabará.”

El Pacificador no dijo que nos eliminaríamos con armas. Dijo que al
fin, si no llegaramos a la paz entre nosotros, las personas serían
eliminadas de la faz de la tierra.

La época que vislumbraba El Pacificador ha llegado. Nuestros hábitos
beligerantes de hoy amenazan la mismísima base de nuestra
sostenibilidad como especie.

Como seres humanos, tenemos un rasgo muy importante a nuestro favor en
este histórico momento de cambio. Somos excelentes cooperantes. Ha
sido una de nuestras mayores bazas evolutivas como especie. Durante un
99% de nuestra historia, vivimos en pequeños grupos estables de
cazadores-recolectores emparentados. Una situación óptima para
cultivar el espíritu de íntima colaboración.

La pega es que limitamos nuestra cooperación a nuestros pequeños
grupos. Que los extraños anden con cuidado, ya que también podemos
convertirnos en maquinas asesinas despiadademente eficaces. Según
observa Robert Sapolsky, neurobiólogo de la Universidad de Stanford,
el chip de la xenofobia primal— el miedo al Otro—está incrustado en lo
más profundo de nuestro cerebro.
Estudios basados en representaciones ópticas del cerebro demuestran
que un grupo de neuronas llamado amygdala (la ubicación de nuestra
respuesta de supervivencia de correr-o-luchar) se puede estimular
fácilmente mostrando imágenes de otras razas, provocando miedo y
agresividad. Sin embargo, las pruebas demuestran que a los individuos
que tienen mucha experiencia relacionándose con personas de otras
razas, la respuesta de la amygdala no se activa. La amygdala también
se queda tranquila cuando vemos a la gente como individuos en vez de
miembros de un grupo.

Hay otras maneras comprobadas de mitigar nuestro miedo instintivo
hacia El Otro. Una es el comercio. Otra es la de mantener las
fronteras permeables y dejar flujos entre grupos. Sapolski concluye:
“Los humanos estamos programados para ponernos en guardia delante del
Otro, pero nuestras opiniones sobre quién cae en esa categoría pueden
ser muy maleables.”

El reto que nos espera es si podemos suavizar nuestras fronteras
culturales excluyentes –-y de hecho, expandir esas fronteras más allá
de lo humano—para cooperar a escala global y abrazar un mundo
culturalmente diverso y biológicamente interdependiente.

Nuestras heridas son profundas, como viejos malos hábitos. Hay mucho
que conviene olvidar. Tambien hay mucho que necesitamos recordar.
Sobre todo, tenemos que recordar el futuro.

Las heridas que infligimos sobre la Tierra y sobre los demás son la
misma herida.
Bienaventurados sean los pacificadores.

Anuncios

Read Full Post »

El ecologismo de los pobres (Joan Martínez Alier, Icaria, 2005) rompe con el falso mito de que la defensa y conservación del medio ambiente son una especie de lujo para las sociedades “ricas” o, como se denominan en el texto, “posmaterialistas” e incide en que:

Muchos de los conflictos sociales de hoy, y en la historia, tienen un contenido ecológico, al intentar los pobres mantener bajo su control los servicios y recursos ambientales que necesitan para su vida, frente a la amenaza de que pasen a ser propiedad del estado o propiedad privada capitalista. A veces los actores de tales conflictos son todavía reticentes a llamarse ambientalistas o ecologistas que, por otro lado, son términos recientes en la historia social. Los grupos sociales involucrados en tales conflictos son diversos, “el ecologismo de los pobres” es como un paraguas que este libro utiliza para abarcar las preocupaciones sociales y las formas de acción social nacidas de ver el medio ambiente como fuente de sustento humano (…).

El libro es lectura recomendada (y hasta obligatoria) para todo aquél o aquélla interesado en la lucha por un mundo menos malo, más respirable e infinitamente más justo. Aunque algunas partes de El ecologismo de los pobres tienen cierta enjundia y pueden hacer un poco ardua su lectura (sobre todo el Capítulo II), Martínez Alier logra redactar un texto accesible y con vocación de utilidad, con no pocos momentos -pese a no desaparecer nunca el tono académico- en el que al/la lector/a se le ponen los vellos de punta, como cuando profundiza en luchas y conflictos concretos y en la larguísima lista de mártires ambientales” que jalonan los rincones que más depredación han padecido en nuestro planeta.

No tiene sentido un ecologismo parcial que no tiene en cuenta los problemas sociales.El ecologismo debe buscar nuevos sistemas económicos que tengan en cuenta factores ecológicos, sociales,culturales,No hay que olvidar las enseñanzas viejas, aunque tampoco caer en el culto al pasado.

Existe un espíritu grande de cambio entre la gente oprimida. Este espíritu está silenciado.

Read Full Post »

Read Full Post »

De la cuna a la cuna ,o Rediseñando la forma en que hacemos las cosas ,es un innovador y revolucionario libro que en el que se propone una nueva forma de interpretar el ecologismo.

Tradicionalmente la consigna principal del ecologismo ha sido “Reducir, reutilizar, reciclar”. Los autores proponen mediante este libro un cambio de enfoque. Reducir el impacto sobre el medio ambiente provocaría una ralentización del mismo, pero más rápido o más despacio estaríamos llegando a un mismo final. Frente a este panorama proponen que se atajen los problemas desde su misma raíz, es decir, que en vez de reducir los consumos de energía, nos centremos en que desde el propio diseño y concepción de cualquier producto, estrategia o política se tengan en cuenta todas las fases de los productos involucrados (extracción, procesamiento, utilización, reutilización, reciclaje…) de manera que ni siquiera sean necesarios los gastos de energía, incluso que el balance de gastos y aportes sea positivo.

Llevado a un ejemplo práctico esto implicaría que si un edificio gasta mucha energía con el aire acondicionado y la iluminación, en vez de (o mejor a la vez que) optimizar el rendimiento de la maquinaria y la instalación de paneles fotovoltaicos, proponen concebir el edificio desde su inicio planteándose el aprovechamiento de la ventilación cruzada y de la iluminación natural, para no necesitar el gasto de energía que se produciría de otra forma. Incluso el edificio produciría más energía de la que consume (y depuraría el agua que pasa por él, etc).

Los conceptos clave de la filosofía “de la cuna a la cuna” son intuitivos y enraizados en la imitación a la naturaleza, o de modo más preciso la conexión con ella:

  • La utilización de la energía que llega a la tierra ahora mismo (solar), en lugar de la energía almacenada en materiales procesados en el interior del planeta durante milenios (combustibles fósiles)
  • El cierre completo de los ciclos de materiales: en los ecosistemas del planeta, no existe la basura. Nuestras sociedades pueden hacer lo mismo diseñando todos los productos de modo que los materiales se reciclen en el mismo uso, o bien se reciclen “hacia arriba”, es decir que el siguiente uso tenga más valor que el actual. Un ejemplo de este tipo de reciclaje real (que es el usado en los bosques y selvas del planeta) son materiales compostables: al integrarse en el ciclo biológico de materiales, una camiseta o par de zapatos compostables se convertirían en árbol, animal o nosotros mismos a través de la digestión de los materiales en compost y posterior fertilización de cultivos. El texto propone dos ciclos de materiales independientes e insmiscibles: el ciclo biológico (alimentos) y el ciclo técnico (aparatos, vehículos y otros bienes que no pueden mezclarse con los alimentos).
  • Celebrar nuestra influencia en el planeta: mediante la llamada “gestión de la culpa”, está generalizada la sensación de que sería mejor si no estuviéramos aquí, contaminando y extinguiendo especies diariamente. Sin embargo, desde este punto de vista es muy difícil ser creativo y verdaderamente positivo. Tratar de ser “menos malo” no es ser bueno. No obstante, ser bueno es posible, y también más emocionante. Existen tecnologías actuales que permiten el diseño de procesos y productos de tal modo que el consumo sea beneficioso para el planeta, como sucede en los ecosistemas desde el principio de los tiempos.

Este libro está dirigido a todo tipo de personas, especialmente aquellas que tienen en sus manos alguna capacidad de diseño o investigación, como arquitectos, empresarios, científicos, artesanos, ingenieros… aunque por su lenguaje sencillo y claro hará que su lectura sea agradable y de gran interés para cualquier lector.

Read Full Post »